El 2018 será recordado por ser de los “obispo de los pobres”

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El Papa manifestó su admiración por quien fuese arzobispo metropolitano de San Salvador justo en medio de una sangrienta guerra civil

29 de diciembre, 2018
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Redacción

 

Ciudad del Vaticano.- La Iglesia católica en América Latina recordará el 2018 por la decisión del Papa Francisco de reconocer como santo a Óscar Arnulfo Romero, mártir salvadoreño tachado durante años como “izquierdista” y “peligroso” para la fe.

Desde el inicio de su pontificado, el Papa manifestó su admiración por quien fuese arzobispo metropolitano de San Salvador justo en medio de una sangrienta guerra civil y que cayó víctima de los escuadrones el 24 de marzo de 1980.

San Romero de América, como ya se le conocía y veneraba en esa región, alcanzó el honor de los altares el 14 de octubre pasado, durante una ceremonia de canonización presidida por Francisco ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro.

Su reconocimiento oficial como santo fue el último capítulo de una atormentada historia, que inició con su llegada a la diócesis de la capital salvadoreña, para la cual fue designado por el Papa Pablo VI el 3 de febrero de 1977.

Casualmente, el mismo día de su canonización, también fue declarado santo ese Papa y otros beatos: Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, Francesco Spinelli, Vincenzo Moreno, María Caterina Kasper y Nunzio Sulprizio.

Por su intensa predicación en defensa de los pobres y contra los abusos, Romero se convirtió primero en un ícono en ambientes civiles e internacionales, mientras dentro de la Iglesia y el Vaticano era calumniado como promotor de guerrilleros y terroristas.

Debieron pasar casi 40 años de su asesinato, ocurrido mientras celebraba misa en la capilla del hospital Divina Providencia de El Salvador, para que furean aclaradas  aquellas opiniones negativas y pudiese avanzar el proceso para su canonización, impulsado por Francisco en primera persona.

La canonización de Romero se dio en medio de la asamblea general del Sínodo de los Obispos, una cumbre mundial de prelados convocada por el Papa para abordar los desafíos y las problemáticas que afrontan los jóvenes en la actualidad.

Precedido por una amplia consulta a nivel mundial, en la cual participaron más de 500 mil personas en los cinco continentes, el encuentro culminó con un texto final que incluyó temas de candente actualidad como el rol de la mujer en la Iglesia y en la sociedad, el trato a lo homosexuales y otros.

Ese fue uno de los acontecimientos más importantes del año que concluye en el Vaticano, durante el cual el Papa Francisco profundizó las grandes líneas de su pontificado: Una constante defensa de los migrantes y refugiados, cercanía con los pobres y desposeídos, una denuncia a las inequidades del sistema económico mundial.

Un mensaje brindado tanto en Roma como en diversas partes del mundo, gracias a los viajes apostólicos que protagonizó en diversos países.

Inició el año con una gira de claroscuros por Chile y Perú, del 22 al 25 de enero. En el primero de los países, el resultado fue regular por una moderada participación popular y por los escándalos en torno a los abusos sexuales contra menores.

En Perú, en cambio, la respuesta popular fue masiva y el pontífice logró pronunciar incisivos discursos, incluso en contra de la corrupción ante el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski quien, a la postre, sería él mismo arrastrado a la renuncia.

El 21 de junio, el Papa cumplió una visita relámpago a Ginebra para visitar las instituciones europeas y pronunciar un emblemático discurso a favor del renacimiento del “viejo continente”.

En agosto, los días 25 y 26, se trasladó hasta Irlanda para participar en las actividades del Encuentro Mundial de las Familias pero su viaje terminó capitalizado por el tema de los abusos contra menores en la Iglesia, tras su encuentro privado con un grupo de víctimas en Dublín.

Del 22 al 25 de septiembre, el líder católico visitó los Países Bálticos: Lituania, Letonia y Estonia, desde donde envió un mensaje de paz y fraternidad.

En este 2018, Francisco siguió plasmando el Colegio Cardenalicio al crear 14 nuevos cardenales originarios de 11 países distintos, durante un Consistorio Público que celebró en la Basílica de San Pedro el 19 de junio.

Dentro de Italia, visitó Pietrelcina y San Giovanni Rotondo en marzo, Alessano y Molfetta en abril y Bari en julio. Aunque fueron giras con diversos motivos, todas coincidieron en la sureña región de Apulia. En mayo acudió a las comunidades de Nomadelfia y Lopiano (en la Toscana), mientras en septiembre estuvo en Palermo, capital de Sicilia.

El 19 de marzo publicó el único gran documento de este años, su exhortación apostólica “Gaudete et exsultate” (alegraos y exultad), sobre la llamada a la santidad de todos los cristianos en el mundo moderno.